Continuamos con la historia, espero les guste.
Ana Raquel
anaraqueltv@outlook.com
Quinta Parte - Sábado por la mañana
Me desperté por la mañana y comencé la rutina, primero quitarme el maquillaje, luego un baño (con mis pechos todavía adheridos a mi torso), me senté frente al espejo y comencé a aplicar nuevamente maquillaje.
Debo confesar que el primer intento fue totalmente desastroso, una caricatura, parecía un Picasso, removí el maquillaje y lo intenté nuevamente, un poco mejor aunque no lo suficiente, al mirarme en el espejo noté que los ojos se veían diferentes, nuevamente removí el maquillaje y por fin, a la tercera, conseguí un resultado aceptable.
Luego debía decidir que ropa usaría, un vestido parecía inadecuado para un sábado por la mañana, comencé a revisar el vestidor, buscando entre toda la ropa, calzado y accesorios que había comprado mi madre, finalmente me decidí por un conjunto sencillo, pantimedias de color natural (por supuesto de seda), unas sandalias con taco de 12 centímetros, unos shorts cavados que al ponérmelos, levantaban mis glúteos, una camisa blanca de mangas largas, amarrada en la cintura, una peluca de color castaño oscuro, larga mas allá de mis hombros y por supuesto, anillos y pulseras como accesorios.
Me miré en el espejo y pensé: - Nada mal, podrías pasar por la prima de Daysi Duke (la de los Dukes de Hazard), el resultado me agradó bastante.
Laura mientras tanto todavía dormía, decidí entonces ir a desayunar y cuando estaba por salir oigo que me dicen: - Adonde cree que va señorita?
- Buen día mi amor, no quise despertarte.
- Estaba despierta hace rato, no dije nada porque quería ver como te vestías.
- Vamos a desayunar?
- Todavía no, falta algo.
- Que puede faltar, yo ya estoy lista?
- No puedes salir así, mira tu entrepierna, arruina todo el ensamble.
Me contemplé en el espejo y tenía razón, en mi entrepierna se notaba un bulto que arruinaba toda la imagen.
- Tengo la solución para eso, dijo mientras buscaba en el cajón de la mesa de noche.
- Que es eso? Pregunté al ver que tenía entre las manos un dispositivo de silicona que parecían dos óvalos uno mas grande que otro unidos por un pequeño puente también del mismo material.
- Es un fufu clip, ya verás como se usa, bájate los shorts y las pantimedias.
Obedecí mientras ella trataba de colocarlo en mi pene infructuosamente.
- No entra, creo que eso no sirve.
- No entra porque ya se te está poniendo tiesa, espérame un momento, ya vuelvo. Se colocó un kimono de seda y salió de la habitación, al poco tiempo regresó con una bolsa de hielo que aplicó contra mis genitales.
- Ves? Ya se está achicando, aplicamos un poco aquí, otro poco aquí, decía mientras apoyaba la bolsa contra mi pene y mis testículos. Poco a poco estos fueron reduciendo su tamaño.
- Mira que hermosa, que chiquita ha quedado, parece la de un niño.
Volvió a repetir los movimientos anteriores y poco a poco fue introduciendo mi pene en el orificio central del artefacto, luego no se muy bien que hizo, corrió el prepucio para un lado, acomodó los testículos, ajustó el dispositivo y cuando estuvo satisfecha dijo: - Voila, ahora tienes una pequeña vagina.
Me miré en el espejo y en cierto modo tenía razón, mis genitales ya no tenían el aspecto de un pene y testículos, de hecho, estos últimos estaban totalmente ocultos, el frente era totalmente plano y las vueltas que había dado daban la apariencia de los labios de una vagina.
- Como me excita verte así, espera un momento no te vayas.
No me iría a ningún lado, antes que me diera cuenta, ella ya estaba de vuelta, que tenía en mente, no tenía idea hasta que se abrió el kimono y mostró que tenía puesto nuevamente el strapon, se acercó a mi, me beso mientras decía: - Con la lengua solamente, no quiero arruinar tu maquillaje.
Mientras tanto, yo sentía su pene presionando contra mi entrepierna.
- Date vuelta mi putita, apóyate sobre el tocador. Obedecí, con mis shorts y mis medias a la altura de los tobillos, al apoyarme mi cola quedó expuesta, ella con el strapon ya lubricado, no perdió tiempo y me penetró de una sola estocada.
- Hay despacio por favor.
- Sé que te gusta no lo niegues. Dime que te gusta.
- Me gusta.
- Te gusta que te coja?
- Si me gusta.
- Pídemelo entonces.
- Por favor, mételo dentro mío, quiero que me cojas.
- Si tu insistes. Te gusta ser mi mujercita?
- Si me encanta.
Comenzó entonces a cabalgarme con el pene artificial, luego supe que este tenía además dos dildos que se insertaban en la vagina, en el ano y que además vibraban.
Luego de un tiempo, sentí que su cuerpo se tensaba, me penetró con una estocada profunda mientras tenía un orgasmo. Luego se retiró y mientras me colocaba un plug anal me dice: - Esto te ayudará a estar lista para esta noche.
Y yo? le pregunté.
Mas tarde te enseñaré a tener un orgasmo como una mujer, ahora vamos a desayunar.
Acomodé las pantimedias y el short y cuando estaba por preguntarle que había querido decir con estar lista para la noche, ya se había ido.
Al llegar a la cocina la encontré conversando con mi madre, en cuanto entré, las dos callaron.
- Hola hija, quieres un té?
- No hay café?
- Es mejor un té con tostadas, mas adecuado. Fue su respuesta.
- Estás radiante esta mañana, me alegra verte así, me recuerdas tanto a Josefina.
Me senté, y comencé a tomar mi té con tostadas, prestando atención a mis modales, todavía acostumbrándome a mi lado femenino.
El resto del día transcurrió con lo que podríamos llamar "normalidad", a las 18:00 horas, Laura y yo fuimos a cambiarnos para la cena, elegí una falda tubo negra apenas por encima de mis rodillas, una blusa blanca de mangas largas, que resaltaba mi busto, medias color de nailon con costura color natural que se ajustaban a mi corsé de cuero negro a través de ocho tirantes, zapatos negros con un taco de 12 centímetros, peluca negra que apenas llegaba hasta mis hombros y por supuesto, brazaletes y anillos para contemplar el atuendo.
Laura me asistió en el maquillaje, algo en lo que todavía necesitaba práctica, indicándome la gama de colores que combinaba con mi ropa, la ocasión (una cena semi formal), ella eligió un conjunto similar al mío y bajamos a cenar.
Una vez mas, sentí todas las miradas sobre mí mientras comíamos, creo que lo hice bastante bien. Una vez que finalizamos madre dice: - Bueno, creo que estamos listas para el postre.
Inmediatamente, Laura, Elena y Enriqueta se pusieron de pié. - Laura, vamos a cambiarnos, mientras tanto, Elena y Enriqueta pueden preparar a Carla por favor? Una vez que terminen, vengan a cambiarse, las estaremos esperando.
Me guiaron a la sala, donde luego entre las dos trajeron una mesa de la cocina de aproximadamente un metro por un metro, desabrocharon mi blusa, retiraron mi falda y quedé en corsé, medias, zapatos y por supuesto, mis pechos expuestos.
Con gestos amables pero firmes, me inclinaron sobre la mesa, y mientras Enriqueta amarraba cada uno de mis tobillos a las patas de la mesa, Elena amarraba mis muñecas al otro extremo de la misma. Quedé entonces así expuesta, e imposibilitada de moverme. Cuando hubieron terminado de inmovilizarme Elena y Enriqueta se retiraron mientras me decían: - No te vayas, ya volvemos.
Estuve así casi media hora, ya estaba comenzando a entumecerse cuando las vi entrar a las cuatro, todas vestidas idénticamente, como si fuese una especie de uniforme, corsé de cuero, con copas media taza que realzaban su busto, medias de nailon con costura, guantes de látex que subían casi hasta sus hombros, botas que llegaban justo por debajo de sus rodillas, con taco aguja y un cierre el costado, ajustadas a sus pantorrillas, el cabello, atado en una cola de caballo, todo en un color negro, maquillaje oscuro con labios color vino.
Las tres mujeres llevaban puesto un strapon de generosas dimensiones, pero estos no eran flexibles de látex, en cambio se los veía rígidos, apuntando al frente, con una ligera curva hacia arriba diseñanos para estimular la próstata, Enriqueta en cambio, se encontraba liberada de su dispositivo de castidad, el cual había sido reemplazado por un cock ring que garantizaba una erección plena (luego supe que había sido reprogramada como una dominatriz transexual).
- Como madre, tengo el derecho de ser la primera, dijo Marta.
- Si señora, respondieron todas al unísono.
Se posicionó detrás mío y mientras comenzaba a penetrarme dijo: - Enriqueta, te gustaría recibir las atenciones de Carla?
- Si Señora, hace mucho que lo deseo.
- Adelante entonces querida, no te prives de nada.
Enriqueta entonces se acercó y ofreció su pene para que lo besara.
Comencé a besar, lamer su pene mientras ella lo acercaba a mi rostro y ligeramente golpeaba mis mejillas con el.
- Lo quieres? Pídelo si es así.
- Por favor, puedo besar tu pene? Fue mi respuesta.
- Como no, tómalo todo.
Mientras tanto, mi madre ya había introducido su strapon dentro mío, tengo que confesar que estaba en la gloria del placer, siendo penetrada y al mismo tiempo, disfrutando de besar un pene real.
Luego de un tiempo, madre dice: - Ya es suficiente, quien será la próxima.
- Como su esposa, es mi derecho hacerla mi mujer. Dijo Laura.
- Cuanta razón tienes querida, adelante.
Laura entonces ocupó el lugar que hasta hacía poco ocupaba mi madre y comenzó a cabalgarme, mientras tanto, Enriqueta seguía disfrutanto de mis atenciones.
Después de un rato, Laura dice: - Elena, quieres hacer los honores?
- Me encantaría, fue su respuesta, cambiando de lugar con Laura.
- No puedo mas, puedo acabar Señora? Dice Enriqueta.
- Por supuesto mi niña, pero quiero ver como Carla se toma todo.
Enriqueta entonces eyaculó en mi boca, como hacía casi un mes que estaba en castidad, su orgasmo fue copioso, llenando por completo mi boca.
- A ver, muestra tu boca, ordenó Marta.
Mostré mi boca llena del semen de Enriqueta y Laura me dice: - Tragatelo todo.
Por supuesto lo tragué, delicioso.
Entonces me liberaron de mis ataduras, Laura una vez mas me tomó de la mano y mientras nos dirigíamos a nuestra habitación me dice: - Has estado excelente.
El domingo fue un día mas tranquilo, bueno, tranquilo es una forma de decir, me levanté y al igual que el día anterior, cumplí con la rutina matinal, bañarme, quitar el maquillaje, seleccionar el vestuario, practicar el maquillarme una y otra vez hasta que estuve conforme (aunque esta vez me costó un poco menos).
Elegí el mismo atuendo que el día anterior y con Laura bajamos a desayunar, Elena y mi madre estaban esperándonos.
- Buenos días Carla, hoy estás radiante.
- Gracias Madre.
- Tomen el desayuno tranquilas que luego comenzaremos.
Supuse que el día domingo sería una variación de la noche del sábado, cuan equivocada estaba, fue un día destinado a perfeccionar mi transformación.
Elena se dedicó a pulir mis modales, como sentarme, como comer, como cruzar mis piernas. Practicaba hasta el cansancio estas actividades, luego los juegos de seducción, como mirar, cuando hacerlo a los ojos, cuando mirar tímidamente hacia el suelo, como pasar la lengua por mis labios, seductora pero sin llegar a ser vulgar, repetidos una y otra vez.
Laura se encargó que adquiriera destreza con los tacones, utilizando el juego mas alto que había en mi guardarropa, debí caminar, recorrer el pasillo, subir las escaleras, bajar las escaleras en una repetición constante. No mires tus pies, mira hacia adelante, pasos pequeños, un pie delante del otro, no pises con la punta del pié, quiero oir tus tacones repicar contra el piso.
Elena por su parte, se transformó en mi maestra de maquillaje y peinado, como aplicar la base, el corrector de ojeras, como delinear los ojos, colocar correctamente una y otra vez las pestañas postizas, la combinación de colores, como estos debían armonizar con mi ropa y mi peinado, estilos de maquillaje para el día, para la tarde y para la noche, diferentes peinados según la ocasión, formal o informal.
Al llegar la noche no puedo decirte que fuera una experta en todas estas actividades, pero había adquirido una destreza mas que suficiente. por supuesto, tenía un costo y estaba literalmente agotada como si fuera un obrero egipcio y hubiera estado construyendo pirámides todo el día. Así que caí rendida en la cama y me dormí profundamente.
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