Este relato es otro ensayo de una pequeña variación del estilo narrativo, en el creo combinar el fetichismo que me caracteriza con algo de horror / misterio, espero les guste, y como siempre, espero sus comentarios, sugerencias, ideas para futuros relatos, es quizá el relato mas largo que he escrito hasta ahora, así que he decidido dividirlo en varias partes para facilitar su lectura.
Ana Raquel
anaraqueltv@outlook.com
La Herencia
Primera Parte - El Talismán
Eran las 9:00 de la mañana cuando comenzó a sonar mi teléfono con insistencia, lo dejé sonar durante un tiempo, sin embargo, quien fuese que me estaba llamando no se rendía, quería seguir durmiendo ya que en realidad hacía poco que me había dormido, apenas a las 5:00 de la mañana. No es que estuviera de fiesta ni mucho menos, había estado trabajando.
Verás mi trabajo es desarrollar software de gestión para pequeñas empresas y suelo quedarme por las noches terminando mis entregas, el silencio y la soledad me ayudan a concentrarme, me acuesto tarde, me levanto tarde, paso las noches solo trabajando, es mi vida y me gusta.
Quien en realidad debe tener paciencia con este ritmo de vida es mi esposa, se que a veces se siente un poco molesta, pero comprende que la naturaleza de mi trabajo es así, a veces he pasado fines de semana completos, tratando de terminar una entrega, mientras que en otras oportunidades dispongo durante la semana de tiempos libres que dedico en lo posible a pasar el rato con ella, en fin, una cosa compensa la otra.
Como el teléfono no pensaba dejar de llamar, no tuve otra opción que levantarme, rogando que fuese un telemarketer así por lo menos tendría alguien en quien descargar mi furia por haberme despertado.
- Hola Carlitos, te desperté.
- Si mamá, sabes que a estas horas duermo. No sé en que momento de mi vida dejé de crecer, todavía seguía siendo el niño, Carlitos para mi madre, aunque supongo que no se trata solo de mí, la mayoría de las madres actúan así con sus hijos.
- Tienes que levantarte mas temprano, aprovechar el día.
- Aprovecho la noche, trabajo mejor así y a Julia no le molesta, tiene sus compensaciones.
- Que suerte que tienes a tu mujer que te entiende.
- Bueno, para que llamaste, precisas algo? Esperaba cortar la comunicación lo mas rápido posible para volver a dormir.
- Necesito que revises la casa de la abuela.
Mi abuela, a la que tanto mi madre como yo éramos muy apegados, había fallecido hacía seis meses. Dejó una casa en una localidad cercana a la ciudad, una casona en realidad, un chalet con techo a dos aguas, de dos plantas, en el piso inferior, una sala, un comedor de amplias dimensiones y un estudio, junto con una cocina también generosa y un baño social.
En el primer piso, tres habitaciones que daban a un pasillo central, una de ellas, la principal, con baño en suite lo suficientemente grande como para tener un hidromasaje, al final del pasillo otro baño también bastante grande.
Pero en este momento la casa estaba completamente vacía, mi madre y yo nos habíamos encargado de vender todos los muebles, lámparas y vestidos que había dejado mi abuela.
- La casa está vacía, para que quieres que vaya?
- Es que olvidamos revisar el altillo, podría haber algo de valor allí.
El altillo, recuerdo cuando era pequeño, tardes enteras había pasado en el, le decía "la baticueva" con esa ingenuidad típica de un niño. Se accedía por una pequeña escalera plegable ubicada en el baño del primer piso, y últimamente solo había acumulado polvo y mugre.
- No hay nada allí, no creo que la abuela trepara por la escalera para guardar algo con los años que tenía.
- Por favor, compláceme, la abuela siempre hablaba de su tesoro, de sus joyas, y cuando revisamos la casa no encontramos nada de valor.
- Está bien, iré hoy por la tarde. Siempre era una posibilidad que la abuela escondiera sus joyas allí hace veinte años y quedaran entonces abandonadas.
Traté de volver a dormir, con poco éxito debo confesar, comencé a fantasear con la idea de ir al altillo, buscar y encontrar un pequeño cofre lleno de joyas de gran valor, vendería algunas y con el dinero, podía perfectamente pagar el adelanto de un departamento y dejar de alquilar.
Cansado de dar vueltas en la cama, me levanté, tomé un café y dejé una nota a mi esposa indicándole adonde iría.
Luego de una media hora de viaje detuve el auto delante de la puerta de la casa, una sensación de tristeza me invadió, el jardín, antes tan bien cuidado, estaba inundado de maleza y apenas se podía contemplar alguna que otra flor algo marchita ya.
Subí los tres escalones hasta llegar a la puerta de entrada, al ingresar a la casa, el olor a humedad y encierro golpeó mi nariz y otra oleada de tristeza me invadió, poco quedaba de la casa que recordaba y en donde había pasado gran parte de mi infancia, mis pasos retumbaban en el piso de madera con ese eco tan particular que se produce en una habitación vacía.
Subí hasta el primer piso, abrí la trampilla del baño, desplegué la escalera, encendí la luz del altillo que se encontraba junto al interruptor del baño y comencé a subir, al ingresar al altillo, tuve que caminar ligeramente encorvado, tal como recordaba, había dos estanterías, sin embargo, cuando niño, estas se encontraban prácticamente vacías.
Ahora en cambio, una de ellas, tenía una colección completa de muñecas, de todos los tamaños y formas, algunas burdas, hechas de trapo y otras, de tamaño natural, realizadas con una percepción exquisita, que me hicieron temer animadas mágicamente, estuvieran esperando que me diera vuelta para levantarse y comenzar a caminar.
En la otra estantería solo había un abrecartas, un cofre de madera, con una talla muy elaborada en su tapa, de aproximadamente 40 centímetros de longitud, 20 de ancho y otro tanto de profundidad, a su lado, un tablero Ouija.
Cierto, la abuela era viciada en esas cosas, durante años pasé las tardes enteras oyendo historias de otras dimensiones, de dioses que habitaban en ellas y de como hechiceros de este mundo, conociendo los rituales, podían invocar el favor de estas entidades. Era una ávida lectora además y tenía la colección completa de las obras de H.P.Lovecraft, devorando sus textos no como fantasías sino como si se tratase de libros de texto.
- Eureka, murmuré para mi mismo contemplando el cofre. Seguramente aquí estaban las joyas de la abuela, abrí el cofre ya pensando en donde compraría el departamento, cuando para mi sorpresa dentro había una pequeña caja negra, sin ningún tipo de detalle, salvo en su tapa donde en letras doradas decía "sanguis sanguinis mei, tutela tua est".
Bueno, después vería que significa eso, quizá la caja contuviera algún collar, un reloj de oro, algo, no lo que esperaba, pero algo de valor debía contener, intenté abrirla pero la tapa no se movía ni un milímetro, seguramente atascada por el paso del tiempo, necesitaba algo con que hacer palanca y recordé el abrecartas que estaba justo en el mismo estante.
Siempre fui algo torpe manualmente, tomé la caja con una mano, el abrecartas en la otra y ejercí presión, ya puedes imaginar lo que sucedió, el abrecartas se deslizó por la caja, producir un rasguño siguiera y terminó enterrando su punta en la palma de mi otra mano que comenzó a sangrar.
Para mi sorpresa, al caer la sangre sobre la tapa de la caja, esta se liberó automáticamente, no estaba tan atascada pensé. Soy yo que soy un poco inútil para estas cosas. Tomé un pañuelo y lo apoyé sobre mi herida para poder examinar el contenido de la caja con mas tranquilidad.
Para mi decepción, el contenido se limitaba a un pequeño medallón, un poco mas grande que una moneda, de aproximadamente tres centímetros de diámetro, aparentemente de plata o alpaca, labrado exquisitamente y en cuya circunferencia tenía grabada otra leyenda "Marcum servum tuum", en fín lo único que había encontrado era una colección de muñecas de escaso valor y un galimatías en latín cuyo significado desconocía.
Puse el medallón en la palma de mi mano y me acerqué a la lámpara para observarlo mejor, en ese momento, cambió su textura, ya no era un metal duro y frío, se sentía maleable en mi mano, y comenzó a aumentar su temperatura. Ya casi me estaba quemando, cuando cambió una vez mas y sentí un frío helado que ascendía por mi brazo, traté de soltar el amuleto, pero este se encontraba adherido a la palma de mi mano, el brazo entumecido, para mi horror, parecía que el objeto se estaba fundiendo con mi mano.
Traté una vez mas de quitármelo, pero era imposible, no había manera de tomarlo entre mis dedos, es mas, ahora podía ver como lenta pero de forma inexorable, se estaba estaba fundiendo en la palma de mi mano. Al cabo de unos pocos minutos, ya no se veía el amuleto, el único rastro que había dejado era su diseño dibujado en mi palma.
Casi me caigo por la escalera en mi apuro por llegar al baño e intentar lavarme las manos, sin embargo, era imposible, la marca estaba ahí, como si fuese un tatuaje y no había forma de removerla.
Confundido, cerré todas las puertas y se diría que huí a la familiaridad de mi automóvil. El viaje de regreso fue bastante demorado ya que cada tanto me detenía para observar el tatuaje, el cual se desvanecía lentamente con el paso del tiempo, para cuando llegué a mi casa, era prácticamente invisible.
Cuando llegué a casa, Laura mi esposa, ya había llegado del trabajo. Le relaté rápidamente lo que me había sucedido.
- Te habrá parecido, mira no tienes ninguna marca en tu mano.
Efectivamente, el tatuaje había desaparecido por completo.
- Pero es verdad, no se que sucedió pero tienes que creerme.
- Te creo, respondió.
- Claro, me das la razón como a los locos, le dije mientras la tomaba de una mano.
En ese momento, volví a sentir un entumecimiento muy particular en el brazo con el que le tomaba la mano.
- Te creo, sinceramente creo que te sucedió algo, ahora vamos a cambiarnos que Ricardo y Elena nos esperan a cenar.
Que pasó aquí, como había cambiado de actitud tan rápidamente? Miré mis manos y la marca había aparecido nuevamente en la palma, pero ya comenzaba a desvanecerse.
Antes de continuar, debo comentar algo de Ricardo y Elena, se trata de una pareja amiga, nos conocimos a través de nuestras esposas, quienes trabajan juntas, coincidimos en muchos de nuestros pasatiempos e incluso, dado que Ricardo también se dedica al desarrollo de software, en varias oportunidades cuando alguno de los dos tiene un proyecto demasiado grande para una persona, solemos trabajar en equipo.
Sin embargo hay ciertos temas que tratamos de evitar. Verás ellos son profundamente homofóbicos, mientras que Laura y yo somos en general mucho mas abiertos, de hecho, ambos somos bisexuales, algo que ni siquiera se lo hemos mencionado. De cualquier forma, por mas que intentemos, como sucede generalmente surge la cuestión, sea por una noticia, por una marcha que se realizó en el centro de la ciudad, inevitablemente surge el tema.
Esta noche no fue la excepción, terminamos de cenar y estábamos tomando el postre con un delicioso café, cuando una noticia en la televisión trajo el tema a la mesa.
- Se lo tienen merecido fue el único comentario de Ricardo. Elena acotó: - Son unos desvergonzados.
- Bueno, no lo tomen así, al fin y al cabo cada uno tiene derecho a vivir la vida como le parezca.
- En la intimidad sí, pero hay un límite fue la acotación de el.
Apoyé mi mano sobre su hombro y le dije: - Vamos, no es para tanto, tampoco es contagioso, o acaso ahora te vas a vestir como puta y me la vas a chupar? Otra vez volví a sentir la misma sensación de entumecimiento en el brazo con el que lo estaba tocando.
- Cierto, fue su única respuesta, se levantó y se dirigió a su habitación.
- No lo tomes a mal, en un rato se le pasa, dijo Elena.
Dirigiéndome a Laura le dije a modo de broma: - Te vas a excitar cuando lo veas chupándomela?
- Por supuesto, me respondió mientras se mordía el labio inferior.
Pasó un rato y de pronto Ricardo volvió pero completamente cambiado, ahora estaba realmente vestido como una prostituta, medias de red, una minifalda de color rojo, una blusa blanca ajustada, maquillaje marcando el rubor de sus mejillas y los labios de un rojo intenso, una peluca de carnaval de color negro y descalzo, obviamente, había utilizado la ropa de su mujer y no había encontrado un calzado adecuado.
No era una transformación completa, mas bien era la caricatura de una prostituta, pero eso no lo detuvo y me dijo: - Ahora te la voy a chupar mi amor.
Pude ver la excitación en los ojos de Laura cuando Ricardo virtualmente se abalanzó sobre mí y comenzó a desabrochar mi cinturón tratando de bajarme los pantalones.
Elena, en un tono histérico comenzó a gritar: - Ricardo, que estás haciendo? Que te pasa? Detente?
Tratando de contenerla, la tomé por los hombros y le dije: - Tranquila, todo está bien.
- Cierto, todo está bien, fue su respuesta y se sentó en uno de los sillones contemplando como Ricardo, ahora sí tenía éxito en bajarme los pantalones y comenzaba a lamer mi pene.
Laura entretanto, estaba recostada en otro de los sillones, había subido su falda, la ropa interior a sus pies mientras se masturbaba furiosamente.
- Elena, porqué no ayudas un poco a Laura?
- Será un placer, fue su única respuesta, para luego colocarse entre las piernas de mi esposa y comenzar a lamer su entrepierna.
Mientras tanto Ricardo me estaba dando una mamada espectacular, - Prepárate que ya llego, le dije.
- Dámelo todo por favor.
Entonces, sentí como llegaba mi orgasmo y me corría dentro de la boca de Ricardo, al mismo tiempo y al ver esto, percibí que Laura también tenía su propio orgasmo.
- Vé a bañarte y cambiarte, será mejor que todos olviden esto.
- Iré a bañarme respondió Ricardo.
Volvió al rato, ahora vestido de forma mas convencional. - Me voy a tomar una ducha y se quedan todos dormidos.
- Perdón, respondió Elena, estábamos muy cansadas, hoy fue un día agotador en la oficina.
Que había pasado, no se las marcas en la palma de mi mano estaban desapareciendo nuevamente. - Que nochecita verdad? Le dije a mi esposa.
- Porqué? No sucedió nada especial, comimos, y después nos quedamos dormidas.
Me fuí a acostar, ninguna marca en mi mano, sin embargo, no pude dormir, sabía que había una relación entre lo que había pasado en la casa de mi abuela y los sucesos de la noche, sería que el amuleto y las marcas que aparecían y desaparecían en mi mano eran la causa?
Poco a poco fui diseñando un experimento que pondría a prueba tal suposición.
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